Así nació el proyecto anglo norteamericano F3080, un documental,
con un equipo de excepción dirigido por Sidney Bernstein, productor de notable
prestigio. Los editores serían Stewart McAllister y Peter Tanner, los
guionistas, Colin Wills y Richard Crossman: Para dirigirlo Bernstein llamó a su
amigo Alfred Hitchcock, luego se dirigió a Bergen-Belsen y dio instrucciones
precisas de lo que pretendía como imágenes. En ese momento Hitchcock estaba
terminando Cuéntame tu vida y preparando Tuyo es mi corazón. Desembarcó en
Inglaterra el 8 de mayo de 1945. El día anterior, a las 02:41 de la mañana,
Alemania se había rendido y los estadounidenses que pretendían un film rápido y
propagandístico, se retiraron del proyecto, encargando otro a Billy Wilder. El
resultado fue un documental de 22 minutos llamado Los molinos de muerte cuyo
único asunto era una enfática acusación a los alemanes. Se exhibió en enero de
1946, presentada como un gran estreno en Würzburg, ante unas 500 personas de
las que al final sólo quedaron 75 en sala. “Los alemanes no podían lidiar con
eso, -reconoció el gran director austríaco– la gente se iba de las
proyecciones o cerraba los ojos. No querían verlo.” Tuvo que reconocer que su
función reeducadora fue nula.
Mientras, los británicos siguieron adelante. En los
artículos y libros que refieren este proceso se repite la leyenda de que
Hitchcock, el rey de las películas de paraban los pelos de punta, se sintió
completamente abrumado por las imágenes y desapareció de los estudios Pinewood
durante una semana. En todo caso es un chisme estúpido. Lo cierto es que
Hitchcock regresó al Hotel Claridge de Londres y se puso a trabajar. Bernstein
lo recuerda caminando en su suite diciendo “¿Cómo podemos hacer esto
convincente?” se sentaba frente a su máquina de escribir, anotaba algo, volvía
a caminar. “¿Cómo podemos hacer esto convincente?” Trabajó dos meses en el
F3080.
Era necesario hacer las tomas tan largas, como fuera
posible, utilizar tomas panorámicas, mostrar dignatarios conocidos junto a los
cadáveres, de modo que no se pudiera sugerir que hubiese truco alguno. Era
necesario mostrar el contraste entre la vida normal de los alemanes que vivían
cerca de los Campos y la pesadilla por dentro, dejarlo claro con la ayuda de
mapas que destacaran lo cerca que estaban unos de otros.
También usó los comentarios escritos que los camarógrafos
adjuntaban a los rollos. Uno anotó: “es increíble lo rápido que esa pobre gente
que fue reducida a un estatus casi animal, volvió a ser humana otra vez. Es
interesante observar, que tan pronto como las primeras necesidades primitivas
de comida, descanso y calidez, se cumplieron, los pacientes, en particular las
mujeres, fueron inmediatamente a buscar ropa a los gritos. La ropa se convirtió
en una necesidad médica, un poderoso tónico contra la apatía peligrosa de los
más débiles.” Todo estaba filmado.
Supervisados por Hitchcock y Bernstein, Crossman y Wills
lograron un guión “ni sensacionalista ni pretencioso pero que, con un sarcasmo
demoledor, responde a la economía del lenguaje que se pretendía. De hecho, en
las secuencias más insoportables, el narrador calla y sólo queda la imagen
acerca a lo indecible,” comenta Toby Haggith, historiador y Curador Sénior del
Museo Imperial de la Guerra.
El 29 de septiembre de 1945 mostraron un primer corte a las
autoridades. Fue el fin del proyecto F3080. Los seis rollos del copión, junto
con el guión completo, listas de tomas, notas de camarógrafos y cien horas del
total del material filmado, fueron etiquetadas y archivadas.
La lógica política había cambiado. Al principio había apuro para
exhibirlo, pero a fines de 1945, la necesidad de restregarles en las narices su
culpa a los alemanes no ayudaba al nuevo mapa político. En los inicios de la
Guerra Fría, Alemania se veía ahora como un aliado potencial, era mejor
olvidar. “De todas las satisfacciones, la venganza es la más costosa y lenta;
la persecución retributiva, la más perniciosa”, se justificó Churchill.
Por otro lado, los judíos sobrevivientes se habían
convertido en un problema político y social para Gran Bretaña y sus aliados
occidentales. Se temía que el film provocara una fuerte simpatía de parte de la
persona promedio por los sobrevivientes y movilizarse para acogerlos en el país
o apoyar sus proyecto de crear el Estado de Israel en la Palestina administrada
por Gran Bretaña.
El material durmió hasta los 80, cuando un grupo de
investigadores con materiales del copión, armó un documental llamado “Memoria
de los campos”. Fue exhibida en versión reducida y con una calidad pobre.
Recién con la llegada de los sistemas digitales, a partir de los rollos
originales y luego de varios años de trabajo se pudo reconstruir totalmente.
Recibió el austero título de “Estudio documentado de los campos de
concentración alemanes”. En febrero de 2014 se estrenó en el festival de
Berlín, pero la excesiva prudencia del Museo Imperial de la Guerra no ha
permitido una difusión a la altura de su calidad. Este 6 de enero se estrenó en
New York en un cine de arte y ensayo. Está disponible, sí, Night Will Fall
(2014) de André Singer, otro documental que utiliza materiales del film
original y cuya visión me ha servido de fuente.
Según Haggith, “Estudio documentado de los campos de
concentración alemanes” no trata solo de la aberración del crimen sino de la
recuperación y la resiliencia: “No podemos evitar que el film sea
increíblemente irritante e incómodo, pero podemos ayudar a la gente a entender
por qué se lo presenta de esta manera […] Más que terminar de verla con un
sentimiento de profunda depresión, hay elementos de esperanza que impiden quedar
totalmente abrumado.”
El estreno que tardó 70 años: el proyecto F3080
14/Feb/2017
El País, Por Luciano Álvarez - Londres - Bergen-Belsen - tropas británicas - Hitchock